Quería decirte... quería mirarte,
quería contarte lo que aquella noche nos hizo reír tanto.
Quería soplar sobre tu cabello, llamar tu atención,
incomodarte un poco, sonreírnos otra vez.
Quería abrazarte, llenar mis ojos de lágrimas, limpiar el polvo que solía invadir tu espalda y volver a enamorarme de ti, como cada tarde, como cada( ), quería tocar tu nariz, dejar solo por esta vez que comas sobre mi cama, abrir la cortina y encontrarte ahí... y sonreír hasta que las comisuras me ardan, acariciarte hasta que las manos me sangren, hasta que acabe la mañana. Olvidé que estabas muerta.
jueves, 7 de junio de 2012
domingo, 10 de abril de 2011
Nueve
En la cocina de tu casa siempre eran las diez y cincuenta de la noche. Tus pestañas yo me las antojaba humilladas, fondue. Quizá seas el mismo cabrón insensible echado sobre mis piernas y yo siga siendo la misma lorna patética dilatándonos un poema con los dedos sobre tu alfombra.
Y es que la vida se nos volvió tan cuadrada…
Loco mío, loco suelto, ¿te solté a tiempo? ¡te solté a tiempo!
Y cuando paso por tu casa ya no siento cosquillas.
domingo, 10 de enero de 2010
Al borde de una estación me senté y lloré
¿Cuántos pasos hay desde mi cuarto hasta ese edificio azul, hasta esas rejas negras?
Un día de estos saldré por la puerta de mi casa, sin decir nada, a buscar esa melodía impregnada en las paredes de una de las construcciones más nostálgicas de Barranco. Me sentaré en uno de los bancos a mirar el escenario en que alguna vez un par de pies descalzos bailaron. Y yo tenía una canción en la mente que nunca terminaba mientras veía el espectáculo, muy bien confeccionado. El tiempo vuela, subrepticiamente, sobre nuestras cabezas, como una paloma, y de pronto sentí que me caía algo. Algo que cayó desde arriba. Y me quejo, me quejo. Como siempre imaginé, soy melancólica y lo seré siempre. Ahora no importa. El tiempo al pasar volando, me llenó de mierda.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
crápula
Es fácil saborearte mientras llueve.
En tu lengua degustaré gotas de alcohol, desordenarás mi pelo
y te diré que no
mil veces.
Aunque sería mejor huir, llorar, gritar, matar.
Debí advertirle que me hacía daño,
que el fin siempre deja heridas en el alma,
- y que existe el fin -
pero me dejé llevar por un beso-engaño,
por un anzuelo...
Ahora me gusta caminar con él, comer con él, comer de él.
Hambre voraz, heliogábalo de carne.
¿Por qué acariciarte con dulzura?
si esto me hace sentir que las estrellas caen del cielo y agonizo bajo la piel alterada que cubre mis huesos.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
18/11
Anoche volví a soñar. Me asusté, en efecto. Mis sueños suelen llenarme de pánico frío, se pegan como la neblina, se adhieren a mi piel, me infectan, me obligan a despertar sobresaltada en medio de la noche. Era un árbol, lo recuerdo muy bien. Tenía un rostro lleno de pliegues de madera y podía mover los labios y articular palabras. Su voz era gruesa y siniestra. Abrió la boca y comenzó a contar una historia. No me atrevo a relatarla, mucho menos aquí.
Estoy sola en mi casa. SOLA. Sola, de nuevo sola, aburridísima. Hay muchas cosas que una puede hacer si no hay nadie viéndola. No tengo puchos ni dulces. Había olvidado lo que era estar en mi habitación, echada en mi cama escribiendo. Echarme en el suelo y mirar el techo. Mirar por la ventana los árboles y los cactus, los rosales. Mi casa está llena de secretos. Me gusta fantasear con cada rincón, con cada canción.
Estoy sola en mi casa. SOLA. Sola, de nuevo sola, aburridísima. Hay muchas cosas que una puede hacer si no hay nadie viéndola. No tengo puchos ni dulces. Había olvidado lo que era estar en mi habitación, echada en mi cama escribiendo. Echarme en el suelo y mirar el techo. Mirar por la ventana los árboles y los cactus, los rosales. Mi casa está llena de secretos. Me gusta fantasear con cada rincón, con cada canción.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)