domingo, 17 de marzo de 2013



Me gustan las mujeres con cejas muy gruesas.
Que besen despacio. Que miren de lejos.
Que sean como tú, pero que dejen atrás aquella inseguridad pretenciosa y patética que emanas de vez en cuando por no tener otro modo de aparentar que sigues siendo.  Que sigues olvidando.
Me gusta que sigas olvidando que eres hombre al fin y al cabo.  Que te mueves mejor que cualquier mujer que haya bailado conmigo, pero que eres hombre de poca ilusión y de muy poca madera
y que no distraes y que no estás dentro de mí,
que no logro convencerme de ti.
Que no me gusta saberte hombre acomplejado, arrastrando camino bajo las yemitas pálidas de tus dedos.
Arrastrando camino bajo tus dedos sobre la curva de mi espalda
y amando, amando hasta lograr lastimarte tanto. 
Y echándome a mí la culpa, sabiéndote el único culpable y el único hombre y el hombre más sincero a través de mis retinas.
Después de todo, el único hombre de los dos siempre has sido tú.

jueves, 7 de junio de 2012

y ya pasaron algunos meses

Quería decirte... quería mirarte,
quería contarte lo que aquella noche nos hizo reír tanto.
Quería soplar sobre tu cabello, llamar tu atención,
incomodarte un poco, sonreírnos otra vez.
Quería abrazarte, llenar mis ojos de lágrimas, limpiar el polvo que solía invadir tu espalda y volver a enamorarme de ti, como cada tarde, como cada( ), quería tocar tu nariz, dejar solo por esta vez que comas sobre mi cama, abrir la cortina y encontrarte ahí... y sonreír hasta que las comisuras me ardan, acariciarte hasta que las manos me sangren, hasta que acabe la mañana.  Olvidé que estabas muerta.

domingo, 10 de abril de 2011

Nueve

¿Y ahora quién mirará a través de tu ventana?

En la cocina de tu casa siempre eran las diez y cincuenta de la noche.  Tus pestañas yo me las antojaba humilladas, fondue.  Quizá seas el mismo cabrón insensible echado sobre mis piernas y yo siga siendo la misma lorna patética dilatándonos un poema con los dedos sobre tu alfombra.



Y es que la vida se nos volvió tan cuadrada…

Loco mío, loco suelto, ¿te solté a tiempo? ¡te solté a tiempo!


Y cuando paso por tu casa ya no siento cosquillas.


domingo, 10 de enero de 2010

Al borde de una estación me senté y lloré

¿Cuántos pasos hay desde mi cuarto hasta ese edificio azul, hasta esas rejas negras?
Un día de estos saldré por la puerta de mi casa, sin decir nada, a buscar esa melodía impregnada en las paredes de una de las construcciones más nostálgicas de Barranco. Me sentaré en uno de los bancos a mirar el escenario en que alguna vez un par de pies descalzos bailaron. Y yo tenía una canción en la mente que nunca terminaba mientras veía el espectáculo, muy bien confeccionado. El tiempo vuela, subrepticiamente, sobre nuestras cabezas, como una paloma, y de pronto sentí que me caía algo. Algo que cayó desde arriba. Y me quejo, me quejo. Como siempre imaginé, soy melancólica y lo seré siempre. Ahora no importa. El tiempo al pasar volando, me llenó de mierda.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

crápula



    Es fácil saborearte  mientras llueve.
En tu lengua degustaré gotas de alcohol, desordenarás mi pelo
y te diré que no
mil veces.
Aunque sería mejor huir, llorar, gritar, matar.
Debí advertirle que me hacía daño,
que el fin siempre deja heridas en el alma,
- y que existe el fin -
pero me dejé llevar por un beso-engaño,
por un anzuelo...
Ahora  me gusta caminar con él, comer con él, comer de él.
Hambre voraz, heliogábalo de carne.
¿Por qué acariciarte con dulzura?
si esto me hace sentir que las estrellas caen del cielo y agonizo bajo la piel alterada que cubre mis huesos.